Publicidad

Ima TV Ideas que mueven Andalucía

Economía y democracia, a propósito de la crisis

Canal: Universidad Internacional de Andalucía

Argumento

Economía y democracia,
a propósito de la crisis


El economista Juan Torres inicia su conferencia estableciendo que la democracia configura hoy un concepto transustanciado que desde una perspectiva neoliberal se limita al campo de las condiciones que permiten el funcionamiento de los mercados.

Siguiendo a Guiddens, Juan Torres analiza la idea de que es la libertad de los mercados la que proporciona el espacio natural donde mejor se realizan los seres humanos.

Torres argumenta que se trata de una idea insatisfactoria y falsa por cuanto es la propia democracia la que sustancia la vida económica. Sin embargo, y debido a la forma en que se ha planteado la crisis económica actual donde el capitalismo se hace cada día más incompatible con la democracia, el catedrático de la Universidad de Sevilla coincide con la opinión de Habermas de que Europa se encamina hacia un desmantelamiento de la democracia.

En su análisis Juan Torres parte de las tres connotaciones fundamentales de la democracia liberal caracterizada en primer lugar por la disparidad de sus significados; su polisemia.

Como segunda característica describe su connotación de subordinación al orden natural de los mercados considerados ya como sujetos con vida propia, capaces incluso de emitir su opinión.

Consecuentemente, una democracia subsumida en el orden del mercado, niega cualquier expresión de colectividad en favor de la libertad individual. Una libertad que según Torres es entendida siempre a partir de las relaciones de racionalidad comercial.

No obstante, el entorno es, para Juan Torres, el auténtico gestor de esa racionalidad por cuanto la satisfacción de las necesidades individuales genera una lógica que se administra desde el entorno que condiciona la propia percepción de esas mismas necesidades y su orden de preferencias.

Pero, a mayor abundamiento, el Catedrático de la Universidad de Sevilla manifiesta que no existe proceso de intercambio posible si no hay unas normas básicas de comportamiento que fijen los poderes de apropiación que regulan el intercambio. Es decir; los derechos del procedimiento que regulan las leyes de la actuación en un sentido u otro de la operación.

Consecuentemente el individuo como sujeto portador de derechos es un acontecimiento previo a la transacción, lo que determina que el nacimiento de la sociedad es cuanto menos, un acontecimiento previo al surgimiento del mercado. Es decir que el mercado es consecuencia del hecho social, y no al contrario.

Para Torres, el mercado se limita, por tanto, a la asignación de recursos, y nada más. Pero incluso en ese ámbito de actuación el mercado presenta una anomalía fundamental que afecta a la necesidad de los bienes públicos y, más en general; a los bienes de coste marginal cero.

No obstante Torres resalta que la doctrina liberal sólo es asumible en presencia de mercados de competencia perfecta con un número muy elevado de compradores y vendedores, de manera que ninguno de ellos pueda influir sobre el precio. En otro caso, afirma el economista; la solución de provisión que proporciona es ineficiente.

Así ante mercados imperfectos se imponen soluciones normativas utópicas que la realidad devuelve con el afloramiento de lo que se llama “crisis”. Se trata de desequilibrios, o distorsiones, que cuanto menos demandan normas para la corrección de esa actividad económica distorsionada.

Normas que cuanto menos han de ponderar los riesgos que puede asumir una sociedad ante los distintos desequilibrios que puede adoptar un mercado imperfecto. Se trata de decisiones que tiene que adoptar una sociedad extramuros de la actividad económica. Consecuentemente concluye Juan Torres; no hay mercado sin sociedad.

Por tanto, dado que la economía no es ajena a la sociedad, la economía debe definirse, según Torres, en función del modo en que los individuos toman sus decisiones, así como por su capacidad para tomarlas. Razón por la que el Catedrático de la Universidad de Sevilla estima que en Europa se está viviendo un proceso de desmantelamiento de la demo­cracia que muestra de forma creciente la incompatibilidad del capitalismo con el Estado democrático de Derecho.

Pero este desmantelamiento no es novedoso por cuanto ya se ha visto antes en América Latina, África o Asia. Para Juan Torres las crisis económicas no se hubieran dado si la democracia fuese efectiva y real, por cuanto la característica fundamental de la desarmonía económica radica en que las políticas económicas dominantes no responden a las preferencias reales de los pueblos.

Como ejemplo de factores concretos desencadenantes de crisis, señala Torres, la gestación de las burbujas que fomentan una inmensa ge­neración de deuda. Burbuja inmobiliaria, en este caso, que, a su vez, genera gigantescas pérdidas económicas por encima de los 16 billones de dólares sólo en la banca de Estados Unidos.

En Europa la crisis hipotecaria se convierte en financiera desencadenando una segunda recesión que fundamentalmente se combate con políticas de restricción de la actividad. Es el llamado austericidio europeo que se justifica con una narrativa que trata de “matar” cualquier atisbo de deliberación social.

Para Juan Torres la realidad muestra que no eran las familias españolas las que vivían por encima de sus posibilidades. Ni tan siquiera se puede defender el criterio falso de un sector público excesivo, sino que era la banca la que generaba deuda por encima de sus posibilidades. Una deuda que se multiplica a sí misma por la fuerza del interés compuesto.

Una multiplicación que genera la hipertrofia patológica del universo financiero. Para Torres se trata de una patología que es incompatible con la democracia porque expande la esclavitud de la deuda, generando una pobreza endémica que concentra el poder monetario privado en cada vez menos manos.

Un poder que se manifiesta ya en el mismo ADN del crédito como mecanismo privado de creación de poder a partir de la nada. Una “nada” con poderes mágicos nunca antes vistos capaz de generar rentabilidades gigantescas a velocidades casi instantáneas.

Un poder que para Juan Torres es radicalmente incompatible con los principios de la democracia por cuanto genera unos individuos sin capacidad para disponer de recursos propios y sin capacidad para hacer efectivas sus preferencias.

Finalmente Juan Torres concluye su exposición planteando la imposibi­lidad misma de la democracia cuando las mismas autoridades públicas del Estado forman parte del mismo núcleo de poder privado que impone las normas económicas al margen de las instituciones públicas del Estado Democrático de Derecho.

Comentarios

No hay comentarios

Dejar un comentario

Datos Requeridos

Para comentar es necesario estar registrado. Si no lo está, pulse aquí.

 Recordar Contraseña